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Reseña de formación

La formación en competencias


En el Colegio Mayor Vedruna entendemos la formación de un modo integral. Como centro inscrito en la Universidad Complutense de Madrid, nos hemos unido a la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), más conocido como Proceso de Bolonia.


Ha constituido una oportunidad para que las universidades se adapten a la nueva realidad social, la llamada Sociedad del Conocimiento. Las reformas se han orientado en múltiples direcciones: en las metodologías docentes, en la estructura de las enseñanzas, en la garantía de los procesos de aprendizaje o en la calidad y, por supuesto, en potenciar la movilidad de estudiantes y profesores.

 

En definitiva, es una transformación que afecta de lleno al concepto de la educación superior.Y aunque queda mucho por recorrer, nos unimos al camino y por tanto estamos dispuestas a hacer cambios.

Compartimos el concepto de aprendizaje aprobado en la Conferencia de Berlín del año 2003 donde se adopta la definición de aprendizaje a lo largo de toda la vida (el lifelong learning), como:


"El proceso de aprendizaje continuo que permite a todos los individuos, desde la infancia a la ancianidad, adquirir y actualizar conocimientos, Competencias genéricas o transversales: Se trata de competencias que de una u otra forma son necesarias y comunes a todos los grados, es decir, deberán desarrollarse potencialmente en todos los estudios, con el fin de dar el máximo de garantías de formación al egresado, bien para continuar su carrera universitaria o bien para incorporarse al mundo laboral. Se definen como habilidades necesarias para ejercer cualquier profesión de un modo eficaz las destrezas y competencias en diferentes periodos de su vida y en variedad de contextos de aprendizaje, tanto formal como no formal; por lo tanto, maximizando su desarrollo personal, oportunidades de empleo y fomentando su participación activa en una sociedad democrática" (Declaración de Berlín, 2003).

La competencia se presenta como un fin que el estudiante deberá lograr en su fase universitaria. En esta nueva perspectiva, el papel del estudiante se modifica y cobra un significado especial; primero, porque él mismo deberá ser el motor que genere su aprendizaje y, segundo, porque no sólo aprenderá dentro de las instituciones superiores, sino que cualquier situación y experiencia educativa podrá acercarle al conocimiento a lo largo de toda su vida. Y es donde el Colegio mayor cobra un papel de gran relevancia, pues aquí, las colegialas pasan una fase importante de su vida universitaria. Por esta razón, el Colegio Mayor Vedruna ofrece un programa de formación mensual en Competencias genéricas o transversales: Se trata de competencias que de una u otra forma son necesarias y comunes a todos los grados, es decir, deberán desarrollarse potencialmente en todos los estudios, con el fin de dar el máximo de garantías de formación al egresado, bien para continuar su carrera universitaria o bien para incorporarse al mundo laboral. Se definen como habilidades necesarias para ejercer cualquier profesión de un modo eficaz. Se han dividido en tres grandes bloques: instrumentales, sistémicas y personales o interpersonales.

Esperamos que a la mayor brevedad los colegios mayores podamos conceder los 6 créditos ECTS por actividades extraacadémicas recogidos en el suplemento europeo al título. El Colegio Mayor Vedruna ofrece formación en competencias instrumentales como: Conocimientos de una segunda lengua (Chino e Inglés); Planificación y gestión del tiempo.

 

Algunas de las competencias sistémicas que desarrollamos en el centro son: Habilidad para buscar y seleccionar adecuadamente en las fuentes de documentación, tanto por medio de los recursos bibliográficos en soporte tradicional (libros, revistas, etc.), como a través del material en Red (Internet, revistas digitales, Webs, etc.); Capacidad para aprender autónoma y suficientemente, con el objeto de abordar estudios superiores y seguir formándose a lo largo de toda la vida laboral (formación continua); Capacidad de reflexionar de manera crítica y personal, incluyendo toma de decisiones que coadyuven a la resolución de problemas, etc.


Y por último entre las competencias personales pueden citarse: Capacidad de trabajar en equipo; Desarrollo de la Capacidad de liderazgo; Apreciación de la diversidad y de la multiculturalidad; Compromiso ético con la diversidad, entre otras..

También trabajamos competencias específicas de tipo actitudinal (saber ser): comunicación; proactividad; inteligencia emocional; habilidades sociales y asertividad; etc.

 

Las nuevas competencias en el proceso de Bolonia


El proceso de Bolonia lleva aparejadas, como se ha indicado, numerosas innovaciones y, con ellas, una novedosa terminología a la que todos debemos ir acostumbrándonos: EEES, grado, máster, postgrado, módulo, materia, ECTS, ingresados, egresados… sin embargo, quizá una de las reformas más importantes y de los términos más debatidos es, precisamente, el concepto de competencia. Desde que la comunidad universitaria comenzó a familiarizarse con el proceso y se vio obligada a diseñar los grados, ha tenido que trabajar continuamente con las competencias generales, transversales, específicas, el saber hacer, el saber (ser), etc., etc., pero, en realidad, ¿a qué nos referimos al hablar de competencias en el reciente sistema universitario?

En un principio, los objetivos de Bolonia encaminan hacia el significado aportado por competencia, sobre todo en su acepción de “Pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”. En ese sentido, el nuevo sistema pretende formar a personas “competentes”, que sean capaces, no sólo de acumular conocimientos, sino, y sobre todo, de saber transmitir esos conocimientos y especialmente de aplicarlos con una finalidad laboral concreta. (...) Parece que los futuros estudiantes necesitan tener “Pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”, a la vez que estar preparados y capacitados para “rivalizar en un mercado ofreciendo el mejor producto posible”. Tal vez si nos valemos del Diccionario Académico seamos capaces de comprender mejor el significado de ese reciente vocablo, que, por otro lado, fue definido en el Proyecto Tuning, en 2003, como la “combinación dinámica de atributos, en relación a conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que describen los resultados del aprendizaje de un programa educativo o lo que los alumnos son capaces de demostrar al final del proceso educativo”. Sea cual sea la definición final de competencia, lo que sí es cierto es que el diseño curricular se basa en el desarrollo de competencias que intentan dar respuesta a las exigencias que plantea la nueva sociedad.

En numerosas ocasiones se entremezcla el concepto de competencia con el de objetivo (de hecho algunos lo han denominado objetivo competencial); las competencias describen los resultados del aprendizaje, es realmente lo que un estudiante sabe y puede demostrar que sabe una vez completado su proceso de aprendizaje. Es decir, el estudiante ahora, en este nuevo contexto académico que le ha tocado vivir, no solo va a tener que digerir unos contenidos o, en el mejor de los casos, de dominar unos contenidos, sino que esos contenidos los tendrá que ir conociendo mediante unas actividades concretas que enfoquen siempre su aprendizaje hacia un objetivo determinado, a adquirir y desarrollar una serie de competencias concretas, bien definidas y precisas.

Clasificación de las competencias


La comunidad universitaria, inmersa de lleno en los últimos tiempos en el proceso de cambio y encargada de diseñar los nuevos títulos, ha tenido que manejar con soltura la clasificación de las competencias, su diversidad, su terminología, con el fin de elaborar coherentemente y de acuerdo a los principios europeos los planes de estudio. Así, las competencias se estructuran en torno a dos grandes grupos:

a) Competencias genéricas o transversales
: Se trata de competencias que de una u otra forma son necesarias y comunes a todos los grados, es decir, deberán desarrollarse potencialmente en todos los estudios, con el fin de dar el máximo de garantías de formación al egresado, bien para continuar su carrera universitaria o bien para incorporarse al mundo laboral. Se definen como habilidades necesarias para ejercer cualquier profesión de un modo eficaz productivo. Se han dividido en tres grandes bloques: instrumentales, sistémicas y personales o interpersonales.

b) Competencias específicas: Son diferentes entre todas las titulaciones; hacen referencia al corpus de conocimientos de diversos tipos que configuran la especificidad temática de cada grado. Se trata, por tanto, de competencias que caracterizan a una profesión, son las que en último término llevan a la formación concreta para la que habilita cada grado y, con ello, son las que se exigirán para el desempeño específico de cada profesión. Fueron divididas en tres grandes bloques: disciplinares (saber), procedimentales o instrumentales (saber hacer)9 y actitudinales (ser)10. Los dos primeros tipos están íntimamente vinculados a lo específico de cada grado; las competencias actitudinales se relacionan más, en cierto modo, con las sistémicas y con las personales.

La adquisición de competencias y aptitudes a lo largo de la vida no sólo será importante para su realización personal, sino que lo será para el futuro de una sociedad basada en el conocimiento.

Documento extraído de "Tejuelo, nº 9 (2010), págs. 19-37".
El proceso de Bolonia y las nuevas competencias.
Marisa Montero Curiel
Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General
Universidad de Extremadura

 

 



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